Cuando la libertad se juega en lo pequeño

No controlamos el clima, la política ni el mundo, pero sí podemos elegir nuestra actitud y nuestras palabras.

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Casona de Mitifuu rodeada de paisaje

Una pareja brindaba en Mitifuu mientras una notificación anunciaba lluvias torrenciales para el día de la inauguración de su librería. Se les aguaba la fiesta, pero podían elegir seguir soñando. No tenían control sobre el clima; la actitud de esa mesa les pertenecía.

En otra mesa, tres amigos discutían de política. También allí había elección: controlar el tono, cuidar el respeto y escucharse antes de gritar. Al fondo, un hombre mayor podía elegir un postre, regalar una sonrisa o detenerse en el recuerdo de su nieto.

El salón respiraba la paradoja: lo pequeño -un brindis, una carcajada, un pedido- estaba en nuestras manos mientras afuera rugía lo incontrolable. La libertad íntima no niega lo que ocurre; nos recuerda dónde todavía podemos actuar.

Cuando damos todo nuestro pensamiento a lo que no podemos cambiar caemos en la inmovilidad. Si volvemos la mirada hacia nuestros hábitos, palabras, actitud y forma de cuidar a quienes queremos, encontramos un terreno firme.

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