Cuando el mundo pesa... Todavía podemos sostenerlo con ternura
En una mesa compartida, la ternura puede ser una forma íntima de resistencia frente a un mundo endurecido.
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Fue una de esas noches en que el tiempo no se apaga. En Mitifuu las últimas mesas no se levantaban; afuera el jardín respiraba lento y adentro una conversación se abría sobre un mundo tensionado por conflictos lejanos que golpean lo cotidiano.
La conversación pasó por la economía, la política, las guerras y la historia. Pero nadie quiso imponerse. Cada persona reconoció en la otra una herida y una esperanza semejantes. El silencio que siguió no fue vacío: se llenó de humanidad.
Después la conversación regresó a lo íntimo: la dificultad de no endurecerse, la tentación de volverse indiferente y la pregunta por lo que queda cuando cedemos a la dureza.
Afuera el frío rozaba las hojas. Adentro alguien decidió, contra todo, seguir siendo humano. Y eso basta para sostenerlo todo un poco más.
