Vacaciones: Más que un lujo, una pausa soñada para la que nos podemos preparar y entrenar
El descanso no ocurre porque todo salga perfecto, sino porque soltamos la exigencia de que así sea.
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Una familia rumbo a Pichilemu se detuvo en Mitifuu casi por azar. Hacía calor, la mamá repartía instrucciones, el papá fumaba bajo una sombra y la abuela se abanicaba. Al entrar al salón, el cuerpo entendió antes que la cabeza: bajó la temperatura y dejó de estar en guardia.
Con jugos helados, piano y una mesa frente al jardín y la piscina, fueron bajando el ritmo. Dieron sentido al inicio de sus vacaciones: dormir sin horario, compartir comidas sin apuro, crear recuerdos, reír más y cargar energía.
El descanso no ocurre porque todo salga perfecto. Ocurre cuando soltamos esa exigencia, cuidamos las palabras cuando la paciencia baja y dejamos que la comida, el entorno y la pausa regulen lo que el camino tensa.
Podemos entrenarnos para unas buenas vacaciones: planear menos, escuchar sin corregir, bajar expectativas y disfrutar más. ¡Buenas vacaciones!
